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El lenguaje en los bebes

Empieza con algún ligero balbuceo. Después, pronuncia las primeras y esperadas sílabas, y finalmente habla. Aquí aprenderemos cómo ayudar al niño en este largo viaje.

Llora, ríe, hace muecas, cierra los puños y frunce los labios. Es así como se prepara para adquirir el lenguaje. Antes de hablar, el bebé ya encuentra la manera de expresar claramente sus sensaciones y emociones. Y sus primeras palabras (mamá, papá, nena... ) estarán íntimamente relacionadas con sus sentimientos, con el deseo de dar un nombre a las personas o cosas que lo involucran afectivamente. Por tal razón, para poder formar el lenguaje, el niño necesita de continuos intercambios con su mamá. En consecuencia, debemos hablarle a nuestro hijo, transformando cada momento del día que pasemos en su compañía en un espacio de intimidad y complicidad.

Poco a poco, posiblemente cuando menos lo esperemos, pronunciará su primera palabra. 

Veamos qué ocurre desde el momento de nacer hasta llegar aproximadamente a los dos años y medio de vida. Hasta el primer año: EL SILABEO

Vocaliza y silabea. No hay sonidos más alegres para los oídos de una mamá.

·         El niño produce sonidos, modulando la voz, cuando ve o escucha algo que lo excita, y acompaña sus balbuceos con movimientos espasmódicos de brazos y piernas.

·         Silabea cuando está solo mientras juega.

·         Repite algunas sílabas sin parar.

·         Combina entre sí varias sílabas iguales (pa-pa, ma-ma), dirigiéndose a la persona con quien desea hablar.

·         Escucha todos los sonidos y procura imitarlos.

·         El ruido hecho por un objeto se convierte para él en una palabra: chu-chu será el tren.

1 año:

¿QUÉ SABE DECIR?

Es hacia finales de su primer año cuando el niño pronuncia las primeras palabras. Durante estos doce meses ha ido almacenando todos los datos útiles para poder expresarse. Y a partir de los 8 ó 9 meses ya es capaz de obedecer las órdenes sencillas como “ mira a mamá” o “toma la pelota”, una clara señal de que comprende casi todo lo que le decimos, aunque aún no habla.

·         Las primeras palabras suelen ser “mamá” y “papá”, no sólo porque son las que ha escuchado más veces, sino también porque para él son fáciles de pronunciar.

·         Las vocales que pronuncia con más facilidad son la “o” y la “i”, y las consonantes más empleadas: “b, d, m, n, p, t y v”.

·         Su vocabulario se amplía poco a poco con palabras que indican personas o cosas especialmente significativas para él: niño, papilla, leche, perro, gato, moto… Algunos niños se “especializan” en los nombres propios de personas y otros repiten palabras utilizadas en los diálogos: ven, no, sí, quiero, dame…

·         Es normal que a esta edad los niños empleen una sola palabra para expresar varios conceptos. Todo depende del contexto en que se pronuncia. Así, por ejemplo, con “papa” puede que quiera decir:

- Quiero la papilla: petición. 
- Mamá prepara la papilla: acción. 
- ¡Ya es la hora de la papilla!: sorpresa. 
- Esta papilla es sólo para mí: pertenencia.

A través de los gestos y de la entonación empleada los adultos comprenderán lo que el niño verdaderamente quiere comunicarles.

Hasta los 2 años: 
FRASES TELEGRÁFICAS

Hasta cumplir el primer año y medio, su vocabulario sigue siendo bastante pobre, aunque en pocos meses los padres observan progresos verdaderamente sensacionales.

·         Durante su segundo año de vida, el niño se esfuerza en combinar dos palabras juntas para expresar un concepto. Por ejemplo, “más leche” puede querer decir “ya no quiero más leche” o “quiero un poco más de leche”.

·         Si le pedimos que nos repita una frase nos daremos cuenta que sólo pronunciará las palabras esenciales, dejando las que no son indispensables.

¿CÓMO AYUDARLO A EXPRESARSE?

“Vamos a dar una vuelta en bicicleta” probablemente se convertirá en “Vamos bici”.

·         Más adelante, el niño añadirá el sujeto a la frase. Al hablar de sí mismo dirá: “Andrés vuelta bici” y no “Yo vuelta bici”. En efecto, no puede hacer otra cosa, pues él se conoce por su nombre, ya que todo el mundo se dirige a él llamándolo de esta manera.

·         El niño avanza a través de pruebas y errores, señal de que está aprendiendo las reglas gramaticales, e imagina todas las maneras posibles para que los adultos lo comprendan.

·         Al cumplir los dos años, ya es capaz de juntar tres palabras: se trata del primer esbozo de una verdadera frase. El niño dispone de todos los “instrumentos” necesarios para aprender a hablar, pero para empezar necesita la ayuda de su mamá.

·         Hay que darle tiempo para expresarse: si cada vez que nos señala un objeto con el dedo nos apresuramos a dárselo, incluso antes de que él haya tenido tiempo de formular su petición, corremos el riesgo de volverlo flojo y no se esforzará.

·         Debemos aprovechar todas las ocasiones de la vida cotidiana (baño, comida, paseo, juego, lectura de un libro) para hablar con él y comentarle lo que hace o ve. Cuando es muy pequeño, el lenguaje va acompañado de la mímica.

·         No es necesario hablarle todo el tiempo sin parar: hablar con él es bueno, pero se deben dejar pausas de silencio. Cuando, por ejemplo, el niño se ejercita haciendo sus silabeos a solas en la cama no debemos intervenir.

·         Hay que utilizar un lenguaje apropiado para él: esto no significa “hablarle como un niño pequeño”. Ponerse a su alcance es emplear un lenguaje de nivel ligeramente superior al que puede comprender, para así ayudarlo a almacenar nuevas palabras. Por ejemplo, al nombrar al gato debemos decirle por su nombre y no “miau-miau” o al perro el “gua-gua”

¿CUÁNDO SE NECESITA AYUDA?

·         No debemos hacerle muchas preguntas, pero sí su curiosidad invitándolo a participar en lo que estamos viendo juntos. En lugar de preguntarle: “¿Cómo se llama este animal?”, es mejor preguntarle si ha visto al gato que acaba de pasar. Nuestras preguntas presuponen respuestas que a menudo sólo conocemos los mayores, y esto puede crear un sentimiento de frustración en el pequeño.

·         No debemos hablarle con tanta rapidez, sino que debemos alargar un poco las sílabas, respetando la puntuación, y acompañando siempre que sea posible las palabras con los gestos. De esta manera, con el paso del tiempo, el niño comprenderá que nos estamos dirigiendo a él.

·         Debemos estimular su sentido de la imitación, aunque la mayor parte de las palabras que utiliza todavía no sean comprensibles.

Cuando el niño cumple unos dos años y medio, si no se ha producido una evolución del lenguaje y sigue prefiriendo expresarse mediante gestos, los padres pueden consultar a un especialista, quien evaluará las posibilidades comunicativas del pequeño. Debemos averiguar:

·         Cuántas palabras sabe decir y cuándo las emplea.

·         Si han existido otros retrasos en su desarrollo (¿en qué momento ha caminado y ha logrado mantenerse sentado sin necesidad de apoyo?).

·         Si se comunica con las demás personas.

·         Si existe el antecedente de falta de oxígeno al nacer.

·         Cada niño presenta un crecimiento y una historia diferentes.

 Los motivos por los que algunos empiezan a hablar más tarde pueden ser muchos, como por ejemplo haber permanecido algún tiempo en un hospital siendo muy pequeño, una larga enfermedad, el hecho de ser gemelo o el ser prematuro. Si, como suele ocurrir en la mayoría de los casos, el pequeño sólo tienen algunas dificultades en la comunicación verbal, mientras ha desarrollado normalmente todas las demás características propias de su edad, el especialista sugerirá simplemente a los padres la manera de enfrentarse serenamente la situación.

También puede ayudar:

·         Llevarlo desde temprana edad al kinder o la guardería, pues el niño aprende mucho de otros pequeños.

·         Hablar mucho con él, evitando que repita siempre las mismas cosas o interrogarlo; para el niño puede ser más provechoso escuchar cómo su papá repite y amplía lo poco que ha dicho, proporcionándole de tal manera un modelo lingüístico para imitar.

¿ES VERDAD QUE …...

·         ¿Resulta contraproducente emplear un lenguaje infantil con el niño? R. Sí y no. Por una parte, desfigurar las palabras o emplear con demasiada frecuencia los diminutivos cariñosos no le ayuda a progresar en el lenguaje. Pero por otra, emplear exclusivamente un lenguaje propio de personas mayores quita color y espontaneidad a la conversación.

·         ¿Las niñas suelen aprender a hablar antes que los niños? R. Normalmente sí. Pero no se trata de una cuestión de inteligencia, sino de una mayor coordinación entre los dos hemisferios cerebrales, lo cual facilita la capacidad lingüística. La lentitud de los niños se ve compensada por una mayor propiedad de las palabras.

·         ¿Los niños siguen con más interés la conversación de los mayores que la de otros niños? R. No, sino todo lo contrario, ya que los niños emplean un lenguaje sencillo, claro e interrumpido por pausas que atraen mayormente la atención de los más pequeños. Es prácticamente el lenguaje que mejor comprenden.

·         ¿Hasta cumplir aproximadamente dos años están poco interesados en comunicarse entre sí? R. Sí. Los niños necesitan tiempo para entrar en contacto unos con otros. Incluso en la guardería, donde se conocen perfectamente porque se ven cada día, prefieren emplear el lenguaje de los gestos, sencillo e inmediato.

 ¿EL TARTAMUDEO? ES FISIOLÓGICO

 Algunas veces, los niños hablan tartamudeando un poco. No hay que preocuparse, es completamente fisiológico. Casi siempre constituye el indicio de un pensamiento rico y veloz, que aún no puede expresarse en toda su complejidad. Por lo tanto, no hay que corregirlos ni demostrar demasiada preocupación, pues en pocos meses este inconveniente desaparecerá sin dejar huellas. 
Es distinta, por el contrario, la naturaleza del tartamudeo en niños de unos cuatro años. Suele ser de origen psicológico y oculta un malestar con el cual es necesario enfrentarse, requiriendo la ayuda de un especialista.

1. UN RÁPIDO DESARROLLO

¿Cómo puede desarrollarse el lenguaje tan rápidamente?

 No existen respuestas científicas al respecto, sino sólo explicaciones teóricas.

·         El niño aprende por imitación, escuchando todos los días la lengua hablada en el ambiente donde vive. Poco a poco, aprende el vocabulario y la estructura gramatical.

·         El pequeño aprende a través de lo que cabe definir como el “sistema de recompensa”. Si la mamá dice a su hijo: “Di gato” y el niño produce un sonido muy parecido a la palabra pedida, de inmediato se lo elogia y se le invita a repetirlo, mientras los demás sonidos casi no se toman en consideración.

·         El lenguaje del niño se desarrolla gracias a los continuos intercambios con el adulto. Por ejemplo, los juegos de repetición (como el del “cucú”) dan al pequeño la posibilidad de prever las acciones y asociar la palabra exacta.

·         La capacidad de hablar es innata. Prácticamente cada ser humano posee desde el momento de nacer una estructura mental que le permite comprender y después hablar la lengua que escucha.

¿Quiénes Somos?

En Juguete Terapia nos dedicamos a crear juguetes didácticos y terapéuticos que son de gran ayuda para maestros, psicólogos, pediatras, papás y lo más importante, ¡para los niños!

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